SEGURIDAD ALIMENTARIA
El hambre puede presentar diferentes formas y niveles de gravedad (malnutrición). En algunos casos se trata de una desnutrición moderada y crónica, que afecta a amplios colectivos desfavorecidos; mientras que en otras, particularmente durante las hambrunas se trata de un hambre aguda que puede desembocar en la muerte.
El hambre endémica, por su carácter cotidiano y persistente, no recibe en la agenda internacional y en los medios de comunicación la atención que suelen obtener las hambrunas, procesos particularmente virulentos en períodos determinados. Sin embargo, lo cierto es que el impacto general, tanto económico como en vidas, es mucho mayor en el caso de la primera que de las segundas. Si las hambrunas han ocasionado entre 70 y 80 millones de muertos durante todo el siglo XX, el hambre (con sus enfermedades asociadas) mata anualmente a entre 10 y 20 millones de personas.
La gestación de la hambruna tiene lugar en un contexto de vulnerabilidad preexistente con cierto nivel de pobreza y de hambre endémica, que se ve agravado por un factor detonante: catástrofe natural, convulsión económica, conflicto armado, etc.
Aunque frecuentemente los conceptos de malnutrición y desnutrición se utilizan indistintamente, el primero es más amplio. La malnutrición es un desorden nutricional que, según Foster puede ser de diferentes tipos:
a) Sobrealimentación: por exceso de consumo de calorías, frecuente en los países desarrollados.
b) Desnutrición: producida por un consumo insuficiente de calorías y proteínas para garantizar las funciones del cuerpo, su crecimiento y una actividad física normal.
c) Deficiencia dietética: falta en la dieta de determinados micronutrientes esenciales, como minerales y vitaminas.
d) Malnutrición secundaria: causada no por la dieta, sino por enfermedades o patologías que impiden al organismo absorber los nutrientes ingeridos (diarrea, infecciones, sarampión, parásitos intestinales, etc.), lo cual contribuye a la desnutrición.
Las tres últimas son habituales en los países pobres, siendo la más relevante la desnutrición, también llamada Malnutrición Proteico-Energética (MPE). La insuficiencia de calorías y proteínas en la dieta, da lugar a diferentes problemas, entre los que destacan los siguientes:
* Deterioro de la salud, que a su vez daña el estado nutricional: la desnutrición disminuye la capacidad inmunológica del organismo, facilitando las infecciones, que provocan malnutrición secundaria (merma de la absorción de nutrientes), dando lugar a un círculo vicioso.
* Aumento de la mortalidad, sobre todo entre los niños: generalmente no por la desnutrición en sí, sino por las enfermedades derivadas de la debilidad inmunológica que aquélla provoca. Todas estas enfermedades, fácilmente evitables, representan más del 40% de la mortalidad infantil en el tercer mundo. Además, la malnutrición en mujeres embarazadas, aparte de afectar al desarrollo del feto, incrementa su riesgo de enfermedad y muerte por causas relacionadas con el embarazo y el parto.
* Merma de la capacidad intelectual y de aprendizaje (falta de memoria, de capacidad de concentración y de rendimiento escolar), que aparecen incluso antes de otros síntomas de tipo físico, reduciendo el potencial que la escolarización encierra para el desarrollo y la mejora futura de las condiciones de vida de los niños.
* Reducción de la capacidad de trabajo: la debilidad física y las enfermedades derivadas de la desnutrición provocan una disminución del rendimiento así como del número de días trabajados. Esto representa un importante lastre tanto para los ingresos familiares como para el desarrollo económico de las comunidades y países.
Las causas y consecuencias del hambre, así como las políticas contra ella, constituyen el objeto de análisis de los estudios sobre seguridad alimentaria, una de las áreas que más ha crecido en el campo de los estudios sobre desarrollo.
La seguridad alimentaria es el acceso físico, económico y social a los alimentos necesarios (en cantidad, calidad nutricional, seguridad y preferencia cultural) para una vida activa y saludable, por todos los miembros de la familia, en todo momento y sin riesgo previsible de perderlo.
La evolución del concepto ha seguido, en síntesis, tres etapas:
Ø En los 70 su formulación correspondió a lo que podemos denominar Seguridad Alimentaria Nacional (en adelante, SAN), entendida como la disponibilidad de suministros alimentarios suficientes para satisfacer las necesidades de consumo per cápita del conjunto de un país.
Este enfoque concibe las hambrunas como períodos de escasez debido a un hundimiento brusco de los suministros alimentarios per cápita, motivados por factores naturales (catástrofes climáticas que merman las cosechas) o demográficos (crecimiento vegetativo que desborda el abastecimiento). Del mismo modo, el hambre endémica se explicaría por una insuficiencia habitual de alimentos con relación a la población
En consecuencia, el objetivo de las políticas de seguridad alimentaria derivadas de esa visión se centraba en incrementar el abastecimiento, no en ejecutar políticas redistributivas de los recursos.
Ø Desde principios de los 80, la mayoría de los debates se reorientaron hacia una nueva formulación, la Seguridad Alimentaria Familiar (en adelante SAF), centrada en el acceso a los alimentos por parte de los pobres, a lo que contribuyó decisivamente la teoría de las titularidades al alimento de Amartya Sen (Poverty and Famines, de 1981).
Las titularidades al alimento: constituyen las capacidades o recursos de una familia o individuo para acceder al mismo de forma legal, produciéndolo, comprándolo o percibiéndolo como donación del Estado o la comunidad.
Vienen determinadas por:
-El nivel de propiedades poseídas.
-Las relaciones de intercambio en el mercado (niveles de precios y salarios, lo que se pueda comprar en función de lo que se posee)
-El nivel de protección social existente.
La SAN, aunque siga siendo un objetivo necesario, no es suficiente para erradicar el hambre. El que un país aumente su abastecimiento de alimentos (vía producción o importación) no significa que los pobres puedan acceder a ellos. El objetivo prioritario debe ser el de luchar contra la pobreza, para garantizar a todas las familias y personas un acceso efectivo al alimento.
La SAF se asienta implícitamente sobre cuatro conceptos básicos:
a) La suficiencia de comida: dieta suficiente aquella que satisface las necesidades nutricionales necesarias para una vida activa y sana.
b) El acceso al alimento: está determinado por las titularidades.Evidentemente, requiere como condición previa la disponibilidad de unos suministros alimentarios suficientes, algo que, aunque no es suficiente, sí es necesario.
c) La seguridad: Es lo opuesto a la vulnerabilidad, o riesgo de sufrir una pérdida de los recursos familiares o personales con los que acceder al alimento, por diferentes causas (catástrofes naturales, pérdida del empleo, enfermedad, etc.). Es importante subrayar, por tanto, que la inseguridad alimentaria no es lo mismo que el hambre, puesto que incluye también el riesgo al hambre futura: inseguros son tanto los hambrientos actuales como los que corren riesgo de serlo en un futuro previsible. Los sistemas de sustento o medios de vida más seguros son los que presentan menos riesgo de pérdida de titularidades, y los que más garantizan la seguridad alimentaria.
d) El tiempo: Es un factor esencial, debido a que la seguridad alimentaria presenta fluctuaciones temporales, y adquiere formas diferentes según el marco cronológico.
Clasificación del Banco Mundial sobre inseguridad alimentaria:
Inseguridad alimentaria crónica: hambre permanente por una pobreza constante.
Inseguridad alimentaria transitoria: reducción puntual del acceso al alimento por alteraciones en los precios, los salarios, la producción, etc. La transitoria puede ser de dos tipos.
Estacional: en los meses anteriores a la cosecha, cuando las reservas están agotadas.
Temporal: durante un tiempo limitado por causas imprevistas, la cual puede desembocar en una hambruna.
En la práctica, la inseguridad alimentaria crónica y la transitoria están muy relacionadas: la primera suele ser el punto de partida de la segunda, mientras que una sucesión de crisis temporales provoca la pérdida de las reservas y recursos de la familia, con el consiguiente aumento de su inseguridad crónica.
Ø Desde mediados de los 80, numerosos estudios han ido poniendo de relieve nuevos factores y enfoques, así como críticas a dicha teoría de Sen, que han ampliado la concepción inicial de la SAF y la han llevado más allá del mero acceso y consumo de alimentos.
Destacan los siguientes elementos:
a) Los sistemas de sustento. La SAF no se contempla ya como un objetivo aislado, sino como parte de otro objetivo más amplio y prioritario: el de disponer de un sistema de sustento seguro, que garantice la obtención de los bienes e ingresos necesarios para satisfacer las necesidades básicas.
b) Las estrategias de afrontamiento Estrategias implementadas por las familias vulnerables para evitar y/o aliviar situaciones de crisis alimentaria, sobre todo las crisis de tipo más agudo y puntual durante desastres (hambrunas), pero también las crisis estacionales (durante los meses previos a la cosecha) o las crónicas, con el doble objetivo de asegurar su subsistencia y de preservar sus sistemas de sustento de cara al futuro.
Estrategias de minimización del riesgo a largo plazo, que son medidas fáciles de implementar, para garantizar el nivel de ingresos en caso de crisis, mediante:
– La inversión y la acumulación de reservas (dinero, animales, equipamiento, stocks de alimentos), que pueden utilizarse o venderse en caso de crisis.
– El establecimiento y refuerzo de redes sociales informales o tradicionales, que en caso necesario proporcionan préstamos, apoyo para emigrar y otras formas de solidaridad (matrimonios de conveniencia, mecanismos de solidaridad en el clan, relaciones de patronazgo, etc.)
– La diversificación del riesgo: combinación de diferentes fuentes de ingresos (agricultura con ganadería, migración laboral), dispersión espacial de los campos, uso de diversas variedades de semillas y de animales, etc.
Estrategias de respuesta a corto plazo para mitigar el efecto de la crisis alimentaria, que se van incrementando conforme ésta empeora, dando lugar a consecuencias cada vez más graves y con más difícil vuelta atrás:
– Desacumulación de las inversiones antes realizadas, mediante el consumo de las reservas y la venta de algunos bienes, incluyendo progresivamente los productivos conforme se hace imprescindible.
– Recurso a las redes sociales tradicionales (linaje, comunidad, etc.) para obtener de ellas donaciones, préstamos y otras formas de solidaridad comunitaria.
– Ahorro y reducción del gasto: uso de los llamados “alimentos de hambruna” o silvestres (raíces, bayas, insectos, roedores); cambios en la dieta (reducción del número de comidas y de su cantidad, supresión de alimentos caros como la carne).
– A veces actividades socialmente reprobables (prostitución, robos, etc.).
Estrategias de riesgo para la supervivencia inmediata, que implican la desposesión plena de los afectados, y se llevan a cabo cuando las estrategias anteriores han fracasado, la crisis y la desestructuración socioeconómica es profunda, y la vida está amenazada de forma inminente:
– Venta de los principales bienes productivos: ganado (las hembras son las últimas que se venden, pues de ellas depende la recuperación de la cabaña) y tierra.
– Éxodo en busca de ayuda.
Conforme se agrava la crisis, la vulnerabilidad aumenta y las estrategias se van revelando progresivamente insuficientes. Esto hace que las familias se vean obligadas a aplicar estrategias cada vez más extremas, inhabituales y también lesivas, para la salud (reducción del consumo alimentario, emigración a campos de ayuda insalubres propensos a epidemias), el medio ambiente (sobreexplotación de los recursos) y el sistema de sustento (progresiva enajenación de reservas y propiedades). En este sentido, la “reversibilidad” de tales estrategias disminuye progresivamente, esto es, hacen que cada vez resulte más difícil la vuelta a la situación anterior. En cualquier caso, claro está, una estrategia puede resultar bien sostenible e inocua, o bien erosiva para el sistema de sustento, en función de la intensidad y duración de su uso, lo cual varía según la familia, el lugar, el momento y la gravedad de la situación
c) Las desigualdades intrafamiliares de género en el control de los recursos y el acceso al alimento y otros bienes básicos. Las mujeres generalmente están discriminadas en el control de los recursos y con frecuencia también en el acceso al alimento, situación que se agudiza en las situaciones de crisis alimentarias.
d) La salud y su relación con la nutrición. Atención a aspectos vinculados a la salud: agua y saneamientos, salubridad, higiene en la manipulación de los alimentos, cuidado (sobre todo materno-infantil). Importancia que para la nutrición tiene la calidad y variedad de la dieta, midiendo ésta no sólo por el consumo de calorías, sino también por la cantidad y calidad. La fuerte relación entre la seguridad alimentaria y las epidemias, siendo éstas, y no la inanición, como se ha asumido convencionalmente, la principal causa del aumento de la mortalidad durante las hambrunas.
e) El valor cultural de los alimentos. alimentos compatibles con las pautas dietéticas y productivas locales, y la ayuda alimentaria en productos culturalmente aceptables por los receptores.
f) La violencia, como principal causante de las hambrunas recientes. El derecho humano al alimento, que, con una dimensión legal, ética y política, impone obligaciones para respetar, proteger y promover la SAF, tanto a los Estados en cuestión como al conjunto de la comunidad internacional.
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